Breve historia del primer partido de rugby gay en Nueva Zelanda

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El verano se empezaba a sentir en octubre de 1998 en Nueva Zelanda. Un grupo de hombres se disponían a jugar rugby en el sur de la ciudad deWellington, la capital neozelandesa.

Algunos pases torpes, hombres corriendo con un balón atravesando la cancha antes de que fueran tacleados, piernas cansadas y sudorosas, hasta ahora todo parecía normal. Excepto que estos hombres eran gays y que estaban jugando un deporte tradicionalmente asociado a una conservadora forma de entender la masculinidad.

Estaban haciendo historia, los “Krazy Knights” contra los “Héroes de Ponsonby” estaban rompiendo estereotipos y expresando quiénes eran de maneras poco convencionales.

Entre los jugadores estaban un abogado practicante, un joven consejero político y el futuro ministro de deportes del país oceánico.

A principios de ese año, a Dean Knight se le ocurrió formar un equipo de rugby: “la idea se me ocurrió durante mi último año en la facultad de derecho. Luego de volver de Londres y haber jugado en un equipo de Rugby donde la pasé muy bien, volví pensando que eso debía ocurrir en Nueva Zelanda. Contacté a unos amigos y pagué un anunció en el periódico local”, cuenta al medio neozelandés The Wireless.

“Dean era y aún es mi novio, así que me ataron de inmediato”, dice Alan Wendt, otro miembro del equipo.

Otro de los jugadores fundadores, Gran Robertson, dice al mismo medio que no accedió tan fácil a la idea “solo hasta la tercera vez que Dean me preguntó, finalmente accedí”, quien ya jugaba Rugby antes de enlistarse en este histórico equipo.

Tenía unos 27 años cuando Jeremy Baker, otro amigo de Dean Knight, fue invitado: “Conocí mi pareja por Dean. Nunca antes había jugado al rugby, pero estaba ansioso por probar cosas nuevas”.

Knight no buscaba un equipo de primera, buscaba hacer una jugada política, irrumpir en las costumbres de los neozelandeses, hacerse visibles en una sociedad que quiere ocultar a la fuerza a las minorías que reclamen sus derechos.

“Un amigo mencionó que estaba formando un equipo de rugby gay, así que llamé a Dean. Pensé que sería genial conocer a otros hombres gay. Ya había jugado rugby desde que tengo 9 años y aun juego ese estúpido juego”, cuenta Harp Harding.

Baker cuenta que “era una buena idea y un paso adelante para la comunidad. Era algo diferente de hacer que simplemente ir a una disco y beber”.

Jugar rugby, un deporte donde se impone la imagen del “macho” alfa, ayudó a este grupo de jóvenes a deshacerse de los imaginarios imperantes alrededor de este deporte y crear otros, los propios.

El novio de Knight, Alan Wendt, recuerda que “era el momento adecuado para que un grupo contrarrestara algunas de las narraciones y estereotipos sobre ser LGBT, y en particular para los hombres homosexuales sobre el deporte”.

Hombres gay y deportes parecían una antípoda difícil de mezclar. Sin embargo, muchos de estos jóvenes LGBT de la década los 90, que crecieron odiando el rugby, por lo que representa para las costumbres y la moral de su sociedad, fue la oportunidad perfecta para romper esas a veces infundadas divisiones.

“Hubo una sensación de coraje y valentía cuando nos conocimos. Aquellos que no habían jugado al rugby anteriormente estaban emocionados de probarlo en un ambiente seguro donde no iban a ser juzgados, sino más bien celebrados por ser homosexuales”, dice Went, al mismo diario.

Apenas ocho personas se presentaron al primer entrenamiento en el Kelburn Park, además no tenían muchos chicos altos.

“Nunca había jugado antes así que me pusieron en el ala porque era rápido”, cuenta Jeremy.

“Como sabía mucho del deporte, entré en una especie de papel de entrenador. Solo enseñarles a arrojar y atrapar una pelota ya era bastante difícil. Estábamos tratando de armar un equipo que no se desintegrara cada fin de semana”, también asegura Harp.

El diario local, The Evening Post, se enteró de esto y publicó una historia llamada “Play and be gay” que les dio algo de fama porque luego de ese artículo reclutaron algunos chicos más.

“Nuestro primer partido fue contra los “The Straight Ups”. En su mayoría eran amigos nuestros dispuestos a ayudar a la causa” cuenta Knight.

Y sí, como muchos otros episodios en la historia contemporánea, el deporte ha ayudado a limar algunas asperezas de orden político, racial y étnico. Es un lenguaje que intenta eliminar la diplomacia y el conflicto para hacernos comprender lo levedad y ficcionalidad de nuestras diferencias.

“El juego no fue fácil. Los rivales no se contuvieron. A los 10 minutos de empezado el partido se dieron cuenta que estábamos hablando enserio y queríamos ganar, jugaron duro. También creo que les preocupaba perder ante un equipo de homosexuales”, cuenta Alan al recordar su primer juego.

“Me desperté a la mañana siguiente preguntándome qué demonios había hecho. Perdimos ese primer juego por un gran margen, pero eso solo ayudó a construir nuestra camaradería”, recuerda Grant al diario neozelandés.

No fueron muchos los juegos que este equipo ganó. Claramente entrenaban duro y en el campo de juego se les notaba aguerridos, pero su objetivo principal era otro.

“Uno de nuestros jugadores trabajaba en Onslow College, así que consiguió algunos muchachos de la primera división de esa universidad para que jugaran con nosotros. Al principio dudaron de jugar con un montón de gays, pero una vez con nosotros se dieron cuenta que no encajábamos con sus estereotipos. Simplemente nos acostamos con personas distintas a las de ellos, fueron geniales”, anota Harp.

El equipo de repente fue testigo de cómo muchos salían del closet, empezaron a ser un gran problema para la moral conservadores de la comunidad, pero también una gran ayuda: “No estoy seguro de habernos dado cuenta en el momento en el que comenzamos algo bastante significativo”, dice el fundador del equipo.

En otra ciudad cercana, Ponsonby, empezaron a formar también un equipo gay rugby, atraídos por la historia en Wellington.

“Fue de hecho fácil armar el equipo, nos llamaron los Héroes de Ponsonby”, dice Gavin Hyde, fundador del grupo.

Lo de Ponsonby recuerdan como fueron apoyados por ex jugadores del famoso equipo nacional de rugby All Blacks. Gracias a esto, empezaron a obtener prestigio y reconocimiento entre las ligas de rugby locales. Muchos de los jugadores del equipo nacional de los All Blacks pasaron por Ponsonby.

“En julio de 1998 me puse en contacto con Dean y acordamos que nuestros equipos jugarían” afirma Gavin Hyde.

El juego de inmediato se hizo publicitario, solo a través de este partido muchas familias se enteraron que sus hijos, hermanos y sobrinos eran gays.

“Todo el mundo sabe que la cultura del rugby en Nueva Zelanda ha sido tradicionalmente muy machista y se ha visto que no es muy incluyente. La publicidad fue sobre para poder decir que sí, somos homosexuales, pero también queríamos ser parte de algo que forma parte de la cultura de nuestro país,” dijo Grant al recordar las semanas previas al juego.

Y fue más que un partido. Las tribunas del Rugby League Park en Newton de la ciudad de Wellington se llenaron de una multitud de personas de la comunidad gay y lesbiana el día del match.

Algunos jugadores incluso eran Drag Queen, pero al ponerse las pantalonetas cortas y entrar al césped daban miedo con sus cantos maoríes y polinesios habituales en los juegos de rugby en Nueva Zelanda.

Alan recuerda que “fue genial ver a los muchachos expresarse a través del rugby y sentirse lo suficientemente seguros como para realmente intentarlo y no verse amenazados por las ideas de masculinidad y cómo debería jugarse el juego”.

Aunque los de Wellington perdieron fue un éxito para ambos equipos, para la comunidad gay neozelandesa, y para la vida de cada uno de estos hombres.

Dean Knight recuerda “esa noche mejor que el partido. El bar gay local, Bojangles, organizó una fiesta especial para nosotros. El ambiente fue muy relajado y cordial. Se habló de lo que había sucedido, de lo lejos que había corrido la gente y de sus increíbles atrapadas”.

Lo sucedido incluso llegó hasta los tabloides en Inglaterra. El año siguiente, ambos equipos marcharon juntos en el desfile del Orgullo en Auckland. La comunidad los aplaudía, eran verdaderos hérores.

Aunque los Knights no duraron mucho, por la edad de sus jugadores y porque muchos no eran jugadores de rugby profesional, al igual que los de Ponsonby, fue un movimiento significativo para la comunidad gay y el mundo del deporte.

Actualemnte ya existe una liga de rugby gay en el mundo, la Bingham Cup, que contará este año con más de 85 equipos de alta calidad y cerca de 1500 jugadores.

“Estábamos tratando de demostrar que cualquiera puede y debería poder jugar deporte. La homofobia todavía abunda y el deporte puede ser una comunidad difícil de entrar. Yo era un joven moreno que trataba de descubrir y racionalizar mi sexualidad. Crecí en la iglesia y fui a una escuela pública. Al jugar para los Krazy Knights, me estaba reinventando y mostrando hacia los demás, pero también consolidaba lo que era. Esto cambió la visión que tenía la gente de mí, particularmente en la iglesia”.

Los antiguos Krazy Knights están pensando en reunirse para celebrar los 20 años de su creación y su significativo primer juego, muchos de ellos, aun son jugadores de rugby profesional.